Julianna y sus desenfrenos
- Luis José Mata

- 3 abr 2020
- 2 min de lectura
Actualizado: 5 abr 2020
Cuando nuestro estado es de inquietud, es más probable que estemos alerta y seamos suspicaces, que dediquemos más esfuerzo a lo que estamos haciendo, que nos sintamos menos cómodos, también que seamos menos intuitivos y más desenfrenados de lo normal.
Anónimo
Otro relato no lineal
Julianna se puso su corto traje negro y una blusa muy escotada para ir a cenar, al mejor restaurant japonés de Manhattan, junto con sus dos respetados y distinguidos amigos de Tokio.
—¿Qué tal Julianna — dijo Noriko, al verla llegar al pasillo de entrada del restaurant —. Estoy seguro que te gustará esta comida «omakasse», preparada por Kumi, él es un gran chef y además muy buen amigo.
—Por supuesto, también me impresiona la decoración tan sencilla, parece realmente un excelente restaurante japonés, como los de Tokio.
—Hemos estado escuchando que el embajador de Japón, aquí en Estados Unidos quiere pautar una reunión contigo, tan pronto termine la temporada de otoño; al embajador le gusta mucho venir a Nueva York en invierno.
—¡Eso luce impresionante! ¿le gusta el invierno aquí, realmente? —preguntó Julianna.
—¡Si!, bueno, así es —expresó Xiaoyan, la esposa de Noriko.
«Ser importante en la política norteamericana es indudablemente una necesidad ¿Quién no quiere tener el poder que ofrece, por ejemplo, la presidencia de los Estados Unidos?», pensaba Julianna. A ella nunca le había interesado la política, prefería más bien influir para sacar provecho a sus inversiones, es por eso que donó mucho dinero a ambos partidos políticos. «Hoy en día tenemos un presidente que dice ser no político o al menos un político no convencional, pero que no pierde tiempo para asegurar una buena marcha de sus negocios», a eso hay que sacarle provecho, pensaba Julianna, y se lo decía a Noriko y a Xiaoyan.
—¡Ah!, es por eso que tiene a Mr. Jared en una oficina en la Casa Blanca haciendo de consultor de cualquier tema —expresó Noriko —. Dicen que es una oficina privada para negocios ostentosos y lucrativos.
—He oído también que se encarga de las «relaciones internacionales», especialmente las que tienen que ver con Rusia y ahora con Tokio —apuntó Xiaoyan —. ¿Es cierto que le han ofrecido a tu “amigo” ser el embajador en Japón? — le preguntó con curiosidad y malicia Xiaoyan a Julianna.
—Si, eso ayudara mucho a nuestros desenfrenos —contestó Julianna.
Alzó Noriko su vaso lleno de “sake” y brindó por que estaban todos felizmente, en el Sasabune en el 401 de la calle 73 del lado este de New York, comiendo la comida escogida por el chef Kumi, o como prefieren decir algunos el mejor chef japonés de Nueva York.
—Deberíamos venir más a menudo —dijo Julianna —. Quizás, para celebrar próximamente el nombramiento de mi amante, como nuevo embajador en Japón.
—Si es que eso sucede —expresaron al unísono Noriko y Xiaoyan.
Cualquier parecido con sitios o personas es pura coincidencia





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